Crónicas 2011

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Daniel Olmedilla: Gracias por la organización y todo el esfuerzo realizado.

Este fin de semana me he ido a los Pirineos (Huesca) participar en el Ultra-Trail de Sobrarbe, una carrera de montaña durísima, que permite correr los 42kms de una maratón de montaña y si te ves con fuerzas, terminar la carrera completa: 65kms. Era mi primera carrera de montaña, e iluso de mí, mi intención era hacer la completa en menos de 13h (tiempo máximo permitido). La realidad fue que pasé todos los puestos de control en los tiempos permitidos, pero mis rodillas me obligaron a conformarme con hacer el maratón. Carrera muy muy dura.

Se sale de Ainsa, a una altura de unos 600m, a las 6 de la mañana. Los primeros 25kms son de altos y bajos pero apenas se gana altura total. Quitando al principio donde el sendero era muy estrecho y era imposible adelantar, el resto se llevaba bien y podías llevar un ritmo razonable. No es comparable con cualquier carrera de ciudad porque los senderos y las piedras (aparte de las continuas subidas y bajadas) no permiten mantener un ritmo estable (sin contar con que había que estar atento a las marcas del sendero para no perderse). En total, 2h54′ en hacer los 25kms hasta Lafortunada (a unos 700m). De ahí comienza la subida, muy muy vertical. Los primeros kms se hacen bien (siempre andando claro, aquí no es posible ir corriendo) pero al rato se hace eterno. En el km 37 llegué a la cima del maratón (2100m) con un tiempo total acumulado de 6h20′. Una vez ahí pensé que ya había pasado la peor parte, pero si las rodillas ya dolían por la subida, lo que no me esperaba es que la bajada fuera mucho mucho más dura. Bajada más vertical aún que la subida, también por sendero estrecho y mucha piedra, por lo que tampoco se podía uno dejar llevar, y por tanto las rodillas sufrían mucho más. Llegué al final del maratón en Bielsa (1000m de altitud) con una distancia total de 43,2kms y un tiempo acumulado de 7h44′. De haber seguido, me quedaban 23kms con una subida a 2100m y una bajada a 1100m de nuevo. Me veía con fuerzas de hacer la subida, pero mis rodillas no hubieran aguantado la bajada, así que decidí no forzar y parar en la distancia de maratón. Os paso el perfil de la carrera (http://www.trailsobrarbe.com/perfil-2/) y el de mi GPS (http://connect.garmin.com/activity/95001001).

Elevation Gain:2,112 m

Elevation Loss:1,670 m

Min Elevation:525 m

Max Elevation:2,088 m

En cuanto a la organización no puedo decir más que fue espectacular. Muy bien organizado, puntos de avituallamiento con bebida, fruta y frutos secos. La gente muy cariñosa animándonos en todo momento (lo cuál se agradece en los momentos de mayor agotamiento), buenas explicaciones, voluntarios indicando en los puntos más claros en que uno se puede perder, etc. El coste fueron 30€ (5€ son para una ONG a elección) que incluía transporte de bolsas y bastones a Lafortunada y a Plan (final de carrera), desayuno el día de la carrera (con zumo, leche, café y bollós a porrillo), los puestos de avituallamiento, cena (copiosa) en el polideportivo, una camiseta técnica, y transporte desde Bielsa a Plan, y de Plan a Ainsa de vuelta. Nada que ver con el dinero que se paga en las carreras de ciudad, que no sólo se inflan sino que al final da la impresión de que se hacen por negocio.

En general, carrera muy muy dura, pero muy recomendable. No he dicho nada de las vistas, pero os las podéis imaginar, estando en medio de los Pirineos :-).

Chema Tapia: Seis de la mañana. Madrugón de espanto. Patio de armas del Castillo de Aínsa. Cerca de 300 guerreros, con alguna guerrera, afilando armas para la madre de todas las batallas. Han sido varios meses de duro pelear, haciéndose hueco entre trabajo, familia y sentido común. Es el momento. Nada de todo eso tiene ya importancia, sólo la fijación mental de lo que ahora comienza. Aquí estamos Isis, Franky, Olguia, Luisiz y Chemai, servidor, dispuestos a continuar por esa GR-19 que como una cremallera recorre uno de los dos grandes valles del Sobrarbe, y que el año pasado comenzamos en Abizanda y el agobiante y sostenido calor nos impidió pasar de aquí.

La mañana promete, a estas horas y sin frío. Últimas palabras recordando alguna de las claves de la prueba y un emotivo silencio para que nos escuche Irene, en donde esté, y hacerla partícipe del momento. Sin más, se da la salida neutralizada a una prueba de resistencia que se viste de medieval en sus primeros compases, hasta llegar a cruzar el Cinca, que melancólico se nos lleva el glaciar del Perdido a golpe de cambio climático, y que no volverá, hasta la próxima glaciación. Ese Perdido que desperezándose rompe la silueta del horizonte, bien visible desde nuestro paso por el puente que nos deja en la margen izquierda, para seguir por una pista asfaltada un buen tramo todavía, más de lo que los pies quisieran. Estamos a la cola del grupo, y nos vamos recolocando. Franky se queda con Isis, Olguia Luisiz y Chemai nos vamos adelantando. Nos encaramos ya valle arriba, con el enorme centinela de la Peña Montañesa que no nos quita ojo, un poco celosa porque este año se ha quedado sin carrera, dejándola bianual, como la que estamos emprendiendo. Por entre barranqueras y terreno descompuesto llegamos al primer núcleo, El Pueyo de Araguás, 5 km que dejamos atrás. Son las 7 y el macizo del Perdido ya se ve beneficiado, y gozando, se podría decir, de esos primeros rayos de sol, que de recién nacido, como los humanos, es precioso, pero que de mayor, puede hacer estragos, y creo que hoy es uno de esos días.

En el 10, Araguás, parada y fonda, que breve ha de ser si quieres que te cunda. Seguimos nuestro trotín trotando. Nos alcanza Franky, y no sólo eso, sino que se va a hacer bueno todo el entreno que llevamos este año. Nosotros tres nos metemos en un grupeto, que vamos subiendo y bajando barrancos, todo un rompepiernas que no está en los escritos, quiero decir que no cuenta en el desnivel anunciado… nos sorprenderíamos. Un poco antes del 15, la estirada serpiente multicolor teje una bufanda a Laspuña, después de habérnosla comido y bebido un poco. Nos dirigimos al puente, pero justo antes, entramos en un camino a la derecha para, ya abrazados al río, emprender un delicioso camino de soto bosque en el que la sensación de que los invisibles habitantes del entorno salen a saludarte y a darte ánimos, es constante. Son en torno a 9 km en este pletórico estado que tiene su fin cuando el camino nos devuelve a la cruda realidad, al pedregoso lecho del río Irués, que recoge las aguas de la vertiente norte de Peña Montañesa. Es en este momento cuando acaba lo bueno, para empezar lo regular. Cruzamos el río y pasamos por debajo de Badaín. Un poco de carretera, para que no se nos olvide que el asfalto también existe y llegamos a Lafortunada, donde nos espera otro avituallamiento y los bastones, que tanta falta nos van a hacer a partir de ahora, aunque todavía no nos hacemos una idea. A Franky ya no le hemos visto el pelo. Por aquí seguimos los tres, aunque por poco tiempo, porque comienza una dura ascensión que sólo a lazadas se puede hacer, y en la primera ya se ve el ritmo de cada uno, Olguia y Luisiz se van viendo cada vez más pequeños, cada vez a más lazadas vista arriba. Me doy cuenta de la verdadera dimensión que para mí tiene esta prueba, me doy cuenta de que la frescura que hemos traído hasta aquí se va a convertir en sufrimiento desde ya mismo, de hecho ya lo está haciendo. De repente. Lo ha hecho. Estrecha senda que nos deposita en una pista, que al ganar en anchura se tiene la tentación de ganar en velocidad, pero no, no es posible. Primer aviso de la mañana de que hay una lumbalgia latente que descoloca las neuronas, llevándolas a terrenos muy peligrosos. Hay que reconducir la situación, queda mucho por delante, mucho, y no podemos permitir ese tipo de autonomía neurocelular. Aquí, o todos a una, o no llegamos.

Más de una hora de subidón para llegar a un Tella que nos recibe con la escoba entre las piernas. Nos fichan a su paso, y para abajo, dirección al dolmen, en cuyas cercanías nos recibe otro avituallamiento junto al arranque de la pista, al lado de un abrevadero, que su escaso aporte anuncia a gritos, como nosotros, la sed que tiene el terreno. Estamos en torno al 30. Seguimos por la pista, y al poco dejamos la GR-19, que va a Salinas, para tomar la variante GR-19.1. Dos horas todavía, sí, dos horas, nos separan del punto más alto que tenemos por delante, el Portillo de Tella, al que llegamos vestidos de bosque primero y desnudos bajo el inclemente, después. El Castillo Mayor se va haciendo fuerte, entre él y nosotros, las gargantas de Escuaín, que tantos y tantos secretos esconden todavía. El camino va coqueteando con la pista. Duro, se hace muy duro este ascenso, el sol no da tregua, se clava, no deja opción, hay que seguir y seguir. Se ve enfrente una collada, y algún compañero lo confirma, es el portillón, no me lo puedo creer, pues sí, ves creyéndotelo, que hasta allí hay que ir. A media hora todavía de llegar a él, un oportuno avituallamiento, que si todos lo son, éste más todavía, nos ofrece agua, sales y otros sólidos. El repecho que queda hay que superarlo como sea, y ahí estamos. El camino sube a lazadas, que hay que extremar si se quiere sobrevivir. Segundo aviso de lumbago, pero qué memoria tiene, ¿no? Lo entretengo como puedo.

Suelo calizo y dos mil metros, es el hogar de la edelweiss, y no nos defrauda, aquí está. En poco ya llegamos al collado. Es la una del mediodía, y la vista que nos ofrece sobre el valle de Pineta es espectacular, como la bajada que nos espera hasta su fondo. Control de paso y a ponerse el traje de bajador, pero después de casi 7 horas, 35 kilómetros y 800 metros de desnivel en las últimas 2 horas, parece que no encaja bien, haciendo la bajada, casi como si fuera subida. Desde luego, ya se ha tomado la decisión de no pasar de Bielsa, porque si esta subida ha sido la que ha sido, la siguiente va a ser de casi 1.200 metros, y el cuerpo no da más de sí. Pero tampoco ha supuesto mucho esfuerzo la decisión, el crono ya la había tomado por uno, aunque no nos habíamos enterado. Ante nosotros, otros 1.000 metros de desnivel descendente, que no van a gustar a la mayor bisagra que tenemos, las rodillas, pero tendrán que resistir la hora y media larga que nos queda hasta Bielsa. Monte pelado, piedra suelta, lazadas y más lazadas, y gente tocada, muy tocada, es el entorno en el que nos movemos. Se termina la piedra y comienza la tasca, que agradecen los maltrechos pies. Luego bosque, asfixiante bosque, que nos recibe con una bolsa de calor agobiante, y que nos deposita ya en esta meta para unos y paso para otros, para los ultrahombres y ultramujeres que el tiempo y las fuerzas les permiten seguir. Como Olguia y Franky, que continúan para Plan. Luisiz de simbiosis con la espumeante rubia en un velador, junto a Sole y Enrique. Isis, feliz, muy feliz, también la traerán por aquí sus pasos.

Hasta aquí hemos llegado, más de 8 horas de esfuerzo continuado dejan a cada uno en su sitio. ¡Qué sabia es la naturaleza! ¿Qué sería de nosotros si no existiera el dolor, el cansancio? La terquedad nos aniquilaría.